¿Qué hacen distinto los empleadores que lograron tranquilidad en la gestión de su personal?

Lo que hacen es totalmente lógico.

Y a la vez, contraintuitivo.

Tan lógico como dejar las cosas en manos de expertos.

Ya lo decía Henry Ford, que algo de esto sabía:

“Un empresario exitoso debe rodearse de personas que posean los conocimientos especializados que él no tiene, en lugar de intentar saberlo todo él mismo”

De esta manera se logra esa sensación de saber que todo está bajo control.
Que alguien se ocupa por vos.
Mejor que vos.
Como cuando viajás en avión, y sin entender cómo funciona todo, llegás a destino.

Nosotros nos ocupamos.
No te vamos a decir: “eso no se puede hacer
No vamos a resolver todo haciéndote pagar.
No vamos a hacer «lo que la mayoría dice que hay que hacer».
Sabemos lo que hay que hacer, y hacemos lo que sabemos que hay que hacer.

Además, entendemos que las empresas crecen cuidando a sus empleados.
Y comprendemos lo que te cuesta mantener cada empleado, en todo sentido.
También sabemos que nadie contrata pensando en despedir.

Pero sobre todo, tenemos muy claro algo: no tenés porqué entender de todos los temas.
Para eso estamos nosotros.
Nosotros nos ocupamos de los temas laborales.
Sería algo así: “Cómo lograr paz mental sin hacer nada que ya no estés haciendo”
Si querés tener todo bajo control, lo único que tenés que hacer es dejarnos a nosotros.

Dentro de unos años las liquidaciones de sueldos las va a hacer la inteligencia artificial.
Y como entendimos esto, te ofrecemos algo más.
Lo que la IA no puede hacer (pero nosotros sí).

Las empresas que apuesten a la experiencia van a estar mejor preparadas para lo que viene.
Y para competir, los costos laborales y un buen asesoramiento hacen la diferencia.

Te explicamos cómo hacerlo vos en nuestras capacitaciones

La historia

Y si llegaste hasta acá sin saber quiénes somos, te cuento la historia de cómo empezó todo.
Que por ahí te ayuda a entender cómo trabajamos, de dónde venimos y porqué hacemos lo que hacemos.

Ahí va. Contada por mí, Norberto Lovero, socio fundador.

Había hecho lo que dictaba el mandato. Todo de manual.
Los últimos años habían pasado volando, entre jornadas de trabajo inagotables y toneladas de experiencia que seguía acumulando.
Aunque disfrutaba de lo que hacía, había algo que no andaba bien del todo.
Algo gris, apagado, una ansiedad casi imperceptible que lo opacaba todo.

Sin embargo, lo esencial también había cambiado para siempre.

−Alguna vez te va a tocar estar sentado acá− dijo orgulloso mi viejo.

Lo miré del otro lado del escritorio y supe a dónde no quería estar.
Y no porque mi viejo no fuera un ejemplo de laburo y persistencia. Que lo es.
De él aprendí casi todo lo que me forjó como persona.
Sino porque reafirmó mi decisión de salir de ahí (sí, como Maravilla).
Él mismo me había puesto a cargo del área laboral del estudio cuando se fue la contadora que ocupaba ese puesto.
Codo a codo con Aldo, mi otro mentor.
Hacía tiempo ya era “el chico de sueldos”, como me presentaban a los clientes en recepción.

Fue mi hija, con apenas unos meses, la que me enseñó el camino de verdad.
Mientras la bañaba en ese ritual nuestro, solos los dos. Y sonaba el eco de gotas de cántaro en la bañadera de loza del Rancho Vitel.
Con su sonrisa que todo lo abarca, la niña de “ojos tristes” que cabía en mi antebrazo, le habló directo a mi niño interior, sólo con la mirada.
Como si se conocieran desde siempre. De muchas otras vidas.
Y le mostró el camino.

Desde ahí nunca más dudé para qué vine a este mundo. Además de para tenerla a ella.
Me hizo sentir valiente. Invencible. Inmortal.
Y en ese mismo instante nació HABERES.
De ese cruce de miradas. De esa complicidad eterna entre dos niños.

Todo había cambiado ya.
Nada iba a ser igual.
No podía fallarle a mi niña.
Ni a mi niño.
No podía defraudarnos a ambos.

Tenía que crear algo distinto, donde sólo hiciera lo que más me gusta.
Un estudio donde sólo hiciera laboral.
Algo inusual para la época.

Era salir de lo seguro, lo conocido.
Para adentrarme en lo incierto, lo desconocido.
Era jugarme todo.
Nada de impuestos, contabilidad, ni sociedades.
Sólo laboral.

Sin red. Sin nada armado. Sin un sólo cliente. Un salto al vacío.
Desde la comodidad de ser el “sucesor”, a empezar de nuevo.
Estaba todo por hacer. Y con todos los pronosticadores en contra.
Que “el día de mañana esto te va a quedar a vos”.
Que “no es seguro”.
Que “no va a funcionar”.
Ya vas a volver con el caballo cansado.
Renunciar a todo y empezar de cero.

Pero nadie sabía que yo tenía la certeza.
Que ella me lo había confirmado.
Que ese era el camino que ya estaba marcado.
Que sin hablarme, me dijo:

Así que le hice caso a mi niña. Y a mi niño interior.
Y recordé.

A toda la experiencia que había ganado con mi viejo, le agregué la pasión.
Pasión que ahora comparto con Sole y un equipo de titanes que nos acompañan.

Seguir al corazón siempre fue la mejor opción.
Mi segundo hijo me dio el valor para no defraudarlo.
Y la tercera me obligó a reinventarme y ser aún mejor.

Con ese mismo corazón trabajamos en HABERES, para que vos sientas la paz de saber que todo está bajo control.
Si sos empleador y no estás logrando la tranquilidad que necesitás, estás en el lugar indicado.

Vivimos de eso.
Vivimos para eso.
Vivimos por eso.